7.4 Mas de la armadura de Dios
Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno (Efesios 6:16)
En la última lección, comenzamos ha estudiar la
armadura de Dios. En esta lección la terminaremos. Para refrescar nuestra memoria, leamos otra
vez Efesios 6:10-18. Habiendo estudiado
ya nuestra necesidad de la armadura (6:10-13), el cinturón de la verdad, la
coraza de justicia (6:14), resumamos nuestro estudio con el versículo 16 y el
escudo de la fe.
Lea Efesios 6; 16.
Cuando los soldados romanos entraban a la
batalla siempre cargaban un escudo. Este
escudo se usaba principalmente para protegerlos de objetos voladores. Mas específicamente, de las flechas con fuego
que les disparaban cuando trataban de destruir una ciudad o fortaleza del
enemigo.
No es sorpresa que el cristiano necesite un
escudo de fe para protegerse de los dardos de fuego de nuestro enemigo, el
diablo. El diablo, va ha atacarnos usando diferentes dardos de fuego como, la
persecución, la mentira, el temor, la condenación, la duda, varias tentaciones
y mucho más. Estos dardos tienden a ser
disparados cuando los cristianos están a la ofensiva, destruyendo las
fortalezas del diablo, si estamos de ociosos, tiene pocas razones para
atacarnos; pero conforme Dios nos use, el diablo nos atacará constantemente.
Por eso es que necesitamos nuestro escudo de
fe. La fe nos salva y nos introduce al
reino de Dios, y conforme vamos hacia delante en nuestra relación con Cristo
necesitamos fe para confiar en Dios y en lo que él esta haciendo en nuestra
vida. No permitamos que los ataques de
Satanás nos detengan, porque él no tiene poder cuando caminamos por fe y no por
vista. Poniendo nuestra confianza en
Dios, y teniendo esa confianza reflejada en nuestra vida como una fe viva, nos
asegurara la victoria total en cada batalla espiritual (lea 2 Corintios 5:7,
Santiago 2:20-22, Salmos 37:3)
Lea Efesios 6:17.
El soldado romano, así como todo soldado, ponía
un gran énfasis en proteger su cabeza; por lo que, como ha sido el caso a
través de la historia, usaba un yelmo.
El cristiano usa un yelmo espiritual, el yelmo de la salvación,
necesitamos proteger nuestra mente de la constante acometida de Satanás contra
nuestros pensamientos. La Biblia enseña
claramente que Satán puede sugerirnos malos pensamientos, tratando de guiarnos
a pecar (Lea Mateo 4: 1-11 ) Sin embargo, lo que hacemos con esos
pensamientos es lo que determina si pecaremos contra Dios o no. Es por ello que necesitamos someter nuestros
pensamientos al Señor.
Si pensamos constantemente en la bondad y gran
amor que Dios tiene para con nosotros, reconoceremos naturalmente los
pensamientos y sugerencia del diablo cuando vienen a nuestro camino. Es en ese mismo momento que debemos
rechazarlos, y reemplazarlos con los pensamientos gozosos concernientes a Dios.
¡Satanás no puede hacernos pecar! El puede sugerimos que pequemos, pero
nosotros decidimos si sometemos nuestras mentes a Cristo o a Satanás y pecar,
(lea Filipenses 2:5-13, Colosenses3:2, y 2 Corintios l0:4-5 para un futuro
entendimiento)
La espada del soldado romano era su arma
ofensiva contra sus enemigos. Para el
cristiano la palabra de Dios (la Biblia) es nuestra arma primordial ofensiva
contra nuestro enemigo, el diablo.
Cuando hablamos la palabra de Dios el diablo tiene que huir. La verdad y gloria que existen en la palabra
de Dios abruma tanto al diablo que tiene que huir, pues él vive en mentiras y
oscuridad. Jesús le da a todo creyente
un ejemplo excelente de como podemos rechazar todo ataque de Satanás al
mencionar pasajes de la escritura (Mateo 4:1-11)
Como creyentes, necesitamos ir hacia delante en
espíritu y verdad, poniendo a Satanás a la defensiva. Satanás nos va ha atacar, por lo que debemos
forzarlo a retroceder usando la palabra de Dios. Hacemos esto permaneciendo firmes sobre las
promesas en la palabra de Dios, y compartiendo esas verdades con persona no salvas y cegadas por el diablo. Cuando hablamos la palabra de Dios, ¡el
diablo tiene que huir! (Lea Mateo 4:1-11, Hebreos 4:12, y Hechos 4:29-31 para
un futuro entendimiento)
Lea Efesios 6:18.
Aquí es donde el soldado cristiano se
diferencia de cualquier soldado mundano, incluyendo los romanos del tiempo de
Pablo. Nosotros tenemos lo que ningún
otro ejercito tiene, ¡el poder de la oración! Solamente Dios es omnisciente. Dios sin ayuda nos creo. Dios sin ayuda nos salvo en la cruz del
calvario. ¡Él es la autoridad
final! No hay ningún poder más grande
que el Señor Dios todo Poderoso. Y a él
servimos.
Ahora bien, como cristianos, somos nacidos de
nuevo por el Espíritu de Dios. Es su
Espíritu el que nos guía en cuanto a lo que debemos orar. Es por ello que se nos ha pedido orar en
suplica por el Espíritu. El Espíritu de
Dios nos muestra las necesidades a nuestro alrededor, mientras nos da
entendimiento en lo que necesitamos orar.
También se nos encomendado ha ser vigilantes (alertas), perseverar y en
oración por las necesidades de nuestros hermanos y hermanas en Cristo que están
peleando ¡la misma Guerra que nosotros! (lea 1 Tesalonicenses 5:17, Juan
14:12-14, y 1 Pedro 5:8-9 para un entendimiento adicional)
Lea 2 Timoteo 2:3-4.
7
¿Qué
deben soporta los buenos soldados de Cristo (versículo 3)?\
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8
¿En
que no debemos enredarnos (versículo 4)?
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9
¿Por
qué (versículo 4)?
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Si usted es hijo de Dios, salvo por fe en
Cristo Jesús, no solo es un ciudadano del cielo sino también un soldado en el
ejército del Señor. Este es el mejor
ejército que cualquiera puede estar; ¡Cristo ya ha ganado la guerra! Y él nos llama a pelear batallas diarias para
las cuales él nos ha equipado completamente.
Que bendición y privilegio que el creador del universo nos permita ser
sus colaboradores a su lado para su reino de justicia.
Un pensamiento final, la cosa más interesante
acerca de la armadura de Dios es que no hay nada que proteja tu espalda. ¿Sabe
por que? Es porque Dios espera que
vayamos hacia adelante en la batalla espiritual, siempre a la ofensiva. La única razón por la cual necesitaría
protección en la espalda es si estuviera huyendo de la batalla. Y esto es algo que Dios nunca le llamo ha
hacer.