6.2 Nuestra Confesión
Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación (Mateo 5:4)
Muchos de nosotros (como cristianos)nos encantaría vivir nuestras vidas sin fallarle a
Dios. Esta debería ser nuestra meta como
cristianos; sin embargo mientras vivamos
en este cuerpo terrenal algunas veces no llegaremos a cumplir en nuestro
servicio a Dios. El propósito de nuestra vida cristinas es permitirle a Dios
nos use para revelarse él mismo a otros a pesar de nuestra naturaleza pecadora. Él quiere glorificarse a sí mismo en y a
través de nuestras vidas.
Un factor muy grande que determina cuanto Dios
puede hacer en nuestras vidas es nuestra actitud hacia nuestros pecados. Dios
busca constantemente mostrarnos nuestros pecados, esperando que los confesemos
ante él. Quiere que nos lamentemos y nos
apartemos de ellos con un corazón dispuesto.
La confesión de pecados es una de las más criticas necesidades de todo cristiano. Cuando fallamos en confesar nuestro pecado al
Señor, una de dos cosas pasa. Comenzamos
a pensar que no tenemos una naturaleza pecadora (lo que resulta en una auto
justificación) o endurecemos nuestro corazón a la convicción del Espíritu Santo
de Dios (lo que detiene nuestra relación con Dios).
Lea 1 Juan 1:8-10
7
Si
decimos que no tenemos pecado, ¿a quien engañamos (versículo 8)?
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8
Se
decimos que no hemos pecado, ¿de qué acusamos a Dios (versículo 10)?
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9
¿Qué
pasa cuando confesamos nuestros pecados (versículo 9)?
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Observe la palabra “Si”. En el versículo 9, Dios pone una estipulación
sobre nuestro perdón y renovación. Esa
obra esta basada sobre la confesión de nuestros pecados. Sin embargo, es importante notar que Dios
ciertamente nos mostrara nuestros pecados (pues él ya los conoce) Dios no quiere que andemos con ese
sentimiento de condenación a causa de nuestra inseguridad si no hemos confesado
todos nuestros pecados; mas bien, él está interesado en mostramos nuestros
errores (a través de la convicción y
nuestra confesión) para que podamos
servirle.
Los pecados no confesados pueden destruirnos
como cristianos. A continuación tenemos
algunas razones por las cuales necesitamos confesar nuestros pecados.
Lea el Salmo 66:18 "El pecado no
arrepentido nos separa del Señor.”
Lea Salmo 38:3-4 "La enfermedad puede ser un resultado de los pecados no confesados, así como el tener una carga pesada de pecado sobre cada aspecto de nuestra vida"
Lea Isaías 43:24 "Nuestros pecados son una
carga para el Señor así como para nosotros.”
Algunas veces no estamos seguros si hemos
pecado contra el Señor. A continuación
tenemos tres maneras principales como Dios nos revela nuestros pecados.
Lea Juan 14:26
10 ¿Qué promete Jesús que el Espíritu
Santo hará por nosotros?
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El Espíritu Santo nos enseñará nuestros pecados
y nos mostrará como alejamos completamente de ellos.
Lea 2 Timoteo 3:16
11 ¿Qué provecho tiene la escritura?
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Lea Hebreos 4:12-13
12 ¿Qué hace la palabra de Dios en lo
que respecta a nuestro corazón (versículo 12)?
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Entre más estudiamos la palabra de Dios, más
nos hacemos concientes de lo que el Señor desea en nuestra vida diaria. Su palabra también nos muestra como hemos
fallado ante Dios, haciendo que nuestros pecados sean claros.
Lea Salmo 139:23-24
13 ¿A quien invita al Salmista (David)
a examinar su corazón?
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Si búscanos al Señor a través de la oración, la
meditación y el ayuno. Él estará
encantado de mostrarnos nuestros pecados.
Todo lo que necesitamos hacer es pedir, y tener un corazón dispuesto,
listo para responder a lo que él nos muestre.
Cuando confesamos nuestros pecados, dos cosas
preciosas suceden. Primero, Dios
ciertamente perdona nuestros pecados (1 de Juan 1:9 y Salmo 35:5) Segundo, Dios nos limpia de la injusticia de
nuestros pecados (1 Juan 1:9 y Isaías 1:18)
El resultado de ésta obra de confesión es el ser libres de la
culpabilidad del pecado y ser libres para regocijarnos en la bondad del Señor.
La confesión de nuestros pecados se resume de
ésta manera: Dios quiere revelarnos nuestros pecados. Él quiere que nos lamentemos de ellos, los
confesemos a él y nos apartemos de ellos.
Dios quiere librarnos de la atadura de los pecados no confesados de los
cuales no nos hemos arrepentido, para que podamos libremente buscar su justicia
en nuestras vidas.
"Bienaventurados los que lloran porque ellos recibirán consolación" (Mateo 5:4)